Leche de arroz y leche de soja. Nada de cigarrillos a unos cuantos metros a la redonda. Alcohol, ni verlo. No fueron muchos y tampoco desopilantes los pedidos que hizo la estrella de rock Jon Anderson durante su paso por la provincia. Aunque sus 67 -casi 68- años se hicieron sentir, según revelaron los organizadores.
Al parecer, el fundador de Yes es un hombre metódico, que gusta de los horarios bien demarcados y que necesita tener su tiempo para concentrarse antes de salir al escenario. Por ese motivo no le fue posible a LA GACETA tomarle una foto en el camarín, antes del show en el teatro San Martín. "Está meditando, no es momento para interrumpirlo", se excusaron sus asistentes, y fue totalmente comprensible.
Ayer, el día después del show, la magia y el regocijo, apareció la preocupación. Anderson, quien debía asistir a la UTN a recibir una distinción como Personalidad de la Cultura, avisó que no concurriría por un problema de salud de su esposa. Ella lo acompaña en la gira. La entrega estaba planeada para el miércoles, pero tampoco había concurrido. "Nos informaron que la esposa estaba mal y que incluso debieron llamar a la emergencia", aseguró una fuente de la UTN. Sin embargo, sus colaboradores más directos negaron esta versión.
"La realidad es que Jon se mostró encantado de recibir el homenaje, pero les pidió que fueran al teatro. Les dijo que los esperaría antes o después del show, pero aparentemente a ellos les interesaba que él fuera a la Facultad", deslizaron. Según estas fuentes, Anderson no acostumbra a salir demasiado ni concurrir a otros lugares que no sean las salas donde ofrece los conciertos. El fugaz paso de la estrella culminó ayer: se marchó en el vuelo de las 18.